Los colegios parroquiales están distribuidos en toda la provincia, especialmente en las zonas más pobres. Por ejemplo, en Bella Vista está la escuela secundaria San José; en Banda del Río Salí, el técnico Belgrano y Nuestra Señora del Valle, que tiene los tres niveles y es la escuela parroquial más grande de Tucumán, con cerca de 2.000 alumnos. En El Manantial se encuentra la escuela María Reina; en Yerba Buena, El Salvador; en Alderetes, la escuela San Vicente de Paul; y en el barrio 11 de Marzo, de la capital, la escuela Santísimo Sacramento.

Es la misma enseñanza que ofrece la educación estatal, pero con una impronta diferente, ya que la formación está basada en los valores cristianos. Según explica monseñor Miguel Galland, vicario para la Educación del arzobispado de Tucumán, se apunta a una educación integral que ayude al alumno a desenvolverse en la vida como buen ciudadano y buena persona.

Están los colegios parroquiales, que dependen de las parroquias, son gratuitos y cumplen un rol social muy importante en los barrios pobres. Y están los confesionales, que dependen de congregaciones religiosas y cobran una cuota.

"Los parroquiales son 36 en toda la provincia, y pueden ser primarios, secundarios y terciarios, o de formación profesional (manualidades). Son casi gratuitos; lo poco que se cobra se destina a la reparación y mantenimiento de los edificios, entre otros gastos", informa Galland.

"La situación de estos colegios privados -porque no pertenecen al Estado- es siempre la misma: reciben el aporte estatal para los sueldos docentes, que no siempre viene completo porque alguna materia le falta, y, sobre todo, no reciben lo que corresponde de aportes patronales. Esto ocurre en los 28 colegios conocidos como códigos 600, incluidos tres o cuatro de la diócesis de Concepción", agrega.

El sacerdote destaca que en muchos casos, a ciertos lugares los colegios de la Iglesia llegaron antes que la escuela estatal. "La mayoría se inició por iniciativa de los fieles frente a la carencia de escuelas. Así comenzaron a enseñar a leer y escribir a los chicos del lugar. Uno de esos ejemplos es el colegio Nuestra Señora del Valle, de Banda del Río Salí. Al principio no estaban reconocidos, hasta que en 1959 las parroquias los oficializaron por orden del entonces arzobispo, monseñor Juan Carlos Aramburu", detalla.

Monseñor Galland piensa que es hora de revisar el sistema y hacerlo más sencillo, para que se puedan clarificar y remediar ciertas situaciones.